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1 de mayo de 2008

Imagen Persa



En un libro del que ya no me acuerdo su nombre vi una expresión interesante: “La voluntad de lo absoluto”. Lo entendí como que algunas cosas escapan del control que tuvieron en un comienzo y viven su propia historia, algo así como que evolucionaron de la manera menos prevista. En Santiago eso es pan de todos los días; esta ciudad está construida sobre otra ciudad oculta; un paraíso de lugares personales y entrañables para cada cual bajo la delicada capa de smog que flota sobre nuestras cabezas. Mi páramo se llama Persa Bío-bío.

El persa ha existido desde siempre: atemporal, eterno. Los galpones eran parte de una villa industrializada, y el sector era antes un matadero. Un cúmulo de cosas que se extiende hacia el infinito: revistas, muñecos, lápices, autos de juguete, pornografía. Siempre me llevo algo que no tenía planeado: en el momento cuando tengo la guardia baja aparece lo que desde hace buen rato llevaba buscando o deseando. Da para todo.



La gastronomía es cuento aparte: choripanes, anticuchos asándose en un tambor, sándwich de pernil, el completo y el mote con huesillo, un aroma que llama desde todos lados. La dieta no importa, ¿Qué importa estando en el Bío?
Esta imagen la he forjado durante 20 años. Hay que llegar temprano para desayunar. Ciertos locales agotan su stock de películas y discos antes de las 11. Ahora hay carabineros y ratis de civil. Empieza a hacer calor y dan ganas de comer maní salado. El maní da sed. Apurar la marcha por que el recorrido es desde Víctor Manuel por Placer hasta Gran Avenida. Si compraste en la cuneta no hay garantía, solo la ley de la calle. Ya son las 4 de la tarde. Pepito paga doble. Se acabaron los CDS vírgenes, hay que comprar. Magia con cartas. Cuchillos ligeros que rebanan papas al instante. Se me acabó la plata, vámonos.Es la instancia con la historia, con el intercambio de pareceres, atravesar la jungla.
Con el paso del tiempo, comencé a descubrir otros persas paralelos. Lo mismo de siempre: el paño en el suelo, los CDS bajo el sol. El aroma a fritura y la muchedumbre en movimiento. A lo lejos alguien grita, a lo lejos. La democracia se pone en práctica en el persa, somos todos iguales. Se caen las fronteras sociales, las imposiciones actuales del mercado y se arma un mundo aparte de todo lo convencional.

Imagenes: Chato - Adreu_viatges
Links: Pagina Oficial - Chile.com

24 de abril de 2008

ID

Hace algún tiempo, colaboré con un amigo estudiante de arquitectura a gestionar su proyecto de titulo. A grandes trazos trataba de la restauración de la identidad. Al explicarme, me dió a entender que a medida que se modificaban las ciudades la tendencia de la mayoría gente común y corriente era no manifestarse por los cambios ocurridos en su barrio tal como lo conocieron.
“Desarraigo”-me dijo- “El desarraigo produce una pérdida de identidad, Ahora las preocupaciones son más inmediatas, como el progreso no planificado”. Sobre esto, Vicente Manzano afirma que cuando se desnivela nuestra identidad hay varios aspectos. Uno de ellos es el desarraigo: “El ansia por la movilidad desenfoca la sensación de la patria chica y obliga a los individuos a un continuo desapego a los lugares”. Cuando cambiamos nuestro entorno, cambia de alguna manera la proyección de lo que somos (tal vez sea mejor decir lo que fuimos) como la ligera sensación de quemadura en la garganta por la pérdida de esa cancha de tierra que dio paso a un supermercado. “las ciudades sufren una modificación drástica: parte del núcleo tradicional emigra y la forma se modifica al añadir urbanizaciones descontextualizadas de la historia, del alma o del concepto mismo del sitio. Los nuevos habitantes, desapegados del lugar, fomentan un estilo de vida desconectado que, a lo sumo, trasciende al individuo sólo a nivel de pequeño grupo cerrado de pocos vecinos.” Esa desidia la vivimos cuando aquellos lugares entrañables dejan de ser individuales e íntimos, para dar paso a lo colectivo, pero colectividad de una manera impersonal, funcional, el “No lugar”.
Estos nuevos paisajes, Emilio Marin los ve como un arribo de nuevos lenguajes, de nuevos símbolos, nuevos iconos. En su proyecto Paseo Altamirano: Mobiliario Urbano en vez de concebir más formas que refieran a Valparaíso como ciudad Patrimonial, ocupa formas hexagonales en pro de la recuperación del borde costero. Pero esto es el ejemplo de lo nuevo para levantar lo viejo; la mayoría de los nuevos proyectos descuidan los cimientos del Urbanismo y emplazamiento de la ciudad. Esta devastación, además de socavar toda una cuestión de planes reguladores que se supone están orientados a velar por el uso inteligente del suelo, genera un desconocimiento de nuestra parte como ciudadanos ante esos edificios sin historia, sacados de contexto.
¿Es eso ser reacio al progreso? Nones. Lo que quiero decir es que los edificios nuevos me parecen todos iguales. En un mar de desconocimiento, la primera impresión es lo que cuenta. Y como los encuentros son superficiales e instantáneos por eso se juzga desde la apariencia. ¿Hasta qué punto en estas nuevas formas (sociales o urbanísticas) entra en juego la identidad? No sólo Santiago, puede ser Concepción, Valparaíso, Puerto Montt…la lista sigue.
Entra al debate otro concepto relevante, El espacio Público. El estudio de arquitectura de Arizona Blank Studio forma un proyecto que parte de la renovación de un edificio existente, al que se le ha añadido una terraza exterior. El proyecto fue desarrollado bajo el concepto de "casa pública". Un espacio para la comunidad, un sitio donde reunirse, socializar y exhibir trabajos de artistas de la zona. En esta aplicación son medidas dirigidas hacia la comunidad a pesar de tener carácter privado. Pero estamos en Chile y la idea del espacio público la entendemos de forma diferente: Hay un umbral incierto, una delgada línea entre el uso de la comunidad y la adhesión pagada que por ende, excluye. Significa que lo planteado ya supera los límites de la visualidad y el contenido arquitectónico, ahora toma tinte social: ¿los habitantes hasta que punto construyen su ciudad?
Corolario: Lo nuevo no es siempre lo mejor.

8 de abril de 2008

Caceria implacable sobre los susurros visuales de la ciudad.


La urbe se forja sobre formas silenciosas en la maquinaria nuestra de cada día. Esas formas dejan mensajes que se transforman segun el espectador de turno, el encargo es tomar esos trozos dispersos de la realidad y conservarlos en fotografias. Se obtuvieron 100 impresiones que luego sirvieron como lazos para encontrar afinidades con otros seres de 100 impresiones.

7 de abril de 2008

Ciudades Mentales

Van a cumplirse 20 años desde que estoy en la frontera de La Florida y Puente Alto. Antes vivía en Pudahuel. Ser chico y vivir en la periferia desarrolla un sentimiento de provincianismo; ir al centro es ir a Santiago y eso lo hace un acontecimiento importante. Era importante ir a la Virgen de Lourdes, a la Quinta Normal, al Parque O’Higgins, a la Vega Central o al Persa BíoBío.

Como todo queda lejos el viaje en micro es una instancia para pensar y distraerse. Ésos son mis antecedentes del diseño; una ventana que hace las veces de vitrina gráfica: los avisos luminosos de Caffarena y de Champagne Valdivieso. Los video club Errol`s. La bebida Free. El logo de Carozzi. Las panaderías Selecta. El hombre de Cementos Polpaico. El mapa del Metro que iconizaba los nombres de las estaciones. Todo eso tenía un carácter (siempre lo ha tenido) y me hizo formar un Santiago imaginario al que de repente recurro cada vez que me siento en el computador. La propia experiencia me hace reinterpretar Santiago, es decir, la forma de las tipografías de Dos en Uno no se podrían decir de otra manera que no sea la noción Dos en Uno. Lo mismo con Otto Krauss y sus arcoiris de colores: han sido expresiones demasiado singulares como para el logo no esté presente en los directorios telefónicos, donde todo es texto. Mucho después supe que eso era el Branding y otras hierbas.

Esos logos se quedaron con parte de mi vida. Algunos me la cagaron, son sentimientos encontrados. Y los nuevos hijos y nietos de hoy van a ver esas imágenes desde la lejanía de un libro o de una página Web. Pasó cuando volví a verlos en el libro Historia del Diseño Grafico en Chile de Pedro Álvarez, había pasado tanto tiempo que quedaron en el inconciente, llenos de polvo. La ciudad que alguna vez tuve y me formó, se había desvanecido hace tiempo.

Ahora lo siento diferente. Hay una dinámica del cambio y las representaciones están divididas en episodios. Los Ídolos de turno: Iván Zamorano en su momento, luego Pinilla, ahora Alexis Sánchez y el “Chupete” Suazo. Cambian las imágenes y se siente el movimiento de la ciudad. Pedro Álvarez indica: “Pareciera ser que lo relevante se encontraría en el hecho de construir una multiculturalidad globalizada de la nueva ciudad, ya sea Santiago o en algún punto del continente, que condiciona la diversidad de los estilos de vida y patrones del gusto”. Lo que llega desde afuera nos afecta de inmediato, nuestra cultura está sobrepoblada de referencias foráneas y lo que construimos de eso forma buena parte de lo que somos, en los muros de las poblaciones que se caen a trozos y en los avisos fotocopiados del almacén. Ello no implica perder identidad.

Todo está presente en la gráfica (incluso la casual) de la ciudad. Lo he visto toda mi vida aunque en varios casos no sepa de dónde viene. Pero los escenarios cambian. Se acomodan cosas, algunos objetos y espacios pasan a tener usos alternativos según nuevas necesidades. Suelo pescar la bicicleta y me pierdo sin pensar mucho por los peladeros, los basureros improvisados, los resbalines y columpios llenos de óxido, los neumáticos asiento y las canchas de tierra.
Ésa es la ciudad que más conozco, cuyo recuerdo se añeja como una película en blanco y negro. Fugaz y efímera. Esas canchas van a poblarse y los peladeros también, los juegos se sacan para hacer espacio a otra vía de la calle, los muros se pintan, la gente se va. Lo que queda son espacios mentales que los veo como la proyección de mi pieza desordenada, donde cada cosa está en el mismo lugar donde la dejé al salir. La ciudad mía. Me acuerdo del epílogo que hace Borges en El Hacedor que leí cuando estaba en el preu, donde en el atardecer de su vida describe la geografía de su biblioteca y su ciudad imaginaria, cito: “Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballos y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara“.